Manuscrito 512, Ciudad Perdida Z

El Manuscrito 512 se trata de una carta del siglo XVIII, de 10 páginas,que describe el descubrimiento de una gran ciudad levantada en la selva del Amazona ademas describe una arquitectura grecorromana la cual no coincide con ninguna de las civilizaciones de américa en esos tiempos.

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Veamos de que se trata….

Este archivo perteneciente al periodo de Brasil Colonial (mediados del siglo XVIII) y conservado actualmente en el acervo de la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro (división de “Manuscritos”, serie “Obras Raras”).  El documento, conformado por diez páginas, está escrito en portugués y lleva el título de “Relação histórica de uma occulta e grande povoação antiguissima sem moradores, que se descobriu no anno de 1753″ (Relación histórica de una oculta y gran población, antiquísima, sin moradores, que se descubrió en el año de 1753). Aunque está redactado como un informe expedicionario, el documento posee al mismo tiempo ciertas características de una carta personal, considerando el carácter de relación entre el autor y el destinatario.

Ruinas de una ciudad desconocida

El documento narra cómo los exploradores descubrieron una cordillera de montes que brillaban con numerosos cristales, causando admiración y asombro. Sin embargo, al principio los bandeirantes no consiguieron descubrir un camino para poder acometer la cordillera y acamparon al pie de las montañas. Después, uno del grupo de la comitiva se dio en perseguir un venado blanco y descubrió un camino pavimentado en piedra que pasaba a través de la montaña. Habiendo alcanzado la cima, los bandeirantes vieron desde arriba una gran población, que a primera vista consideraron ser alguna de las ciudades de la costa de Brasil; tras descender al valle, mandaron exploradores para saber más sobre la población y sus posibles habitantes, y estuvieron esperándolos durante dos días; un detalle bastante curioso es que escuchaban cantar gallos durante esos días, lo que les hacía pensar que la ciudad estaba habitada. Mientras tanto, llegaron los exploradores, trayendo la nueva de que no había moradores. Estando todavía la gente insegura, se resolvió a comprobarlo un indio de la comitiva, el cual regresó con la misma noticia, atestiguada luego ya por todo el grupo de exploradores.

Finalmente toda la comitiva efectuó la entrada a la ciudad, la cual era posible por tan solo un único camino, empedrado y adornado con tres arcos, de los que el del medio era mayor y principal y los dos de los lados eran más pequeños.

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Arco romano en Thamugadi (Timgad), Argelia. Su aspecto es similar a la descripción del triple arco a la entrada en la ciudad abandonada del Manuscrito 512.

Como observa el autor, sobre el arco principal había unas letras, imposibles de copiar por la gran altura.

Las casas en la ciudad, todas con varios pisos, estaban abandonadas desde hace ya mucho tiempo y no tenían por dentro ningún objeto de enseres, ni muebles. La descripción de la ciudad reúne rasgos propios de distintas civilizaciones de la antigüedad, sobre todo la griega y la romana, aunque contiene también detalles no identificados o sin asociación. Así, el autor nota que todas las casas en la ciudad, por su regularidad y simetría, parecían una sola, como si fueran de un propietario.

En el texto se describe varias construcciones como una plaza con una columna de piedra negra en el medio,  en la cima de la cual había estatua de un hombre con un brazo extendido, señalando hacia el norte. Ademas señala que el pórtico (una galería de arcos o columnas alrededor de un patio o plaza, o delante de un edificio)  de lo que parecía la calle principal la cual en su parte superior había un bajorrelieve con la imagen de un joven semidesnudo, coronado de laurel, enormes edificios por los lados de la plaza, uno de los cuales parecía ser palacio de algún señor de la tierra, y el otro evidentemente era un templo, donde aún se conservaron parcialmente la fachada, las naves (espacio comprendido entre dos muros o filas de columnas) y las imágenes en relieve (en particular, cruces de varias formas y coronas). Cerca del lugar pasaba un ancho río, del otro lado del cual había campos muy lozanos con algunas lagunas, todas llenas de arroz, como también innumerables bandadas de patos, que podían ser cazados simplemente con las manos.

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Representación de 1820 con la Columna de Trajano.

Luego de caminar por tres días río abajo, ellos se toparon con una catarata, al lado de la cual había un conjunto de cuevas y excavaciones subterráneas, probablemente minas, donde yacían dispersos pedazos de mena parecida a la plata. La entrada a una de las cuevas estaba cerrada con una enorme losa, sobre la cual había una inscripción en signos o letras desconocidas.

Después de caminar tres días río abajo, los bandeirantes se toparon con una catarata, al lado de la cual había un conjunto de cuevas y excavaciones subterráneas, probablemente minas, donde yacían dispersos pedazos de mena parecida a la plata. La entrada a una de las cuevas estaba cerrada con una enorme losa, sobre la cual había una inscripción en signos o letras desconocidas.puerta.PNG

A distancia de un tiro de cañón de la ciudad la comitiva descubrió un edificio conocido como casa de campo, por dentro del cual había una gran sala y quince habitaciones pequeñas, todas con puertas para la sala.

Después, los bandeirantes realizaron una prospección a orillas del río. En ese lugar, la comitiva se separó, realizando algunos de los hombres una marcha de nueve días, pasados los cuales avistaron una canoa con dos personas blancas, vestidas a la europea; aparentemente, estas huyeron después de que los bandeirantes habían hecho un tiro para atraer su atención, aunque, estando dañada esa parte del documento, se puede suponer también que este grupo de exploradores experimentó después un enfrentamiento con alguna clase de salvajes, velludos y bravos.

Finalmente, la entera expedición alcanzó los ríos Paraguaçu y Uná, donde el jefe de la comitiva compuso el informe, dirigiéndolo luego a cierta persona influyente en Río de Janeiro. Es notable el vínculo personal existente entre el autor del documento y la persona a quien se está dirigiendo. El autor insinúa que el secreto de los descubrimientos realizados lo viene revelar tan solo a él, su destinatario, recordando lo mucho que le debe. Expresa también su preocupación al respecto de que un indio, miembro de la Compañía, abandonó la comitiva para regresar a la ciudad perdida por su propia cuenta. Finalmente, el autor propone al destinatario largar esas penurias y venir a utilizarse de esas riquezas, sobornando al indio desertor para que este no revele el secreto y lo conduzca hacia los tesoros.

Moneda de oro

Se menciona que João António (único nombre que se conservó en el documento) encontró en las ruinas de una de las casas en la ciudad un dinero en oro, de forma esférica, mayor que las monedas brasileñas de 6400 reales. Sobre una parte aparecía la imagen de un muchacho arrodillado, sobre la otra un arco, una corona y una flecha.

Este descubrimiento convenció a la comitiva que debajo de las ruinas debían estar enterrados inmensos tesoros.

Moneda de oro

Inscripciones misteriosas

En el texto aparecen reproducidas cuatro inscripciones en letras o jeroglíficos desconocidos:

  1. Sobre el pórtico de la rúa principal
  2. Sobre la losa que cerraba la entrada a una de las cuevas cerca de la catarata
  3. Sobre el pórtico del templo
  4. Sobre la columnata en la casa de campo

Al final del documento aparecen también nueve signos sobre las losas (como es posible suponer, aquellas que cerraban las entradas; esta parte del manuscrito también se perdió). Como notaban algunos investigadores, los signos copiados se asemejan más que nada a las letras del alfabeto griego o fenicio (algunos también a los números arábigos).

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¿Verdad o mentira?

Los historiadores brasileños propusieron varias candidaturas posibles para el autor del Manuscrito 512, del cual solamente se sabe con certeza que era Maestre de Campo, un rango militar mayor.

Según la versión propuesta por el historiador Pedro Calmon y el investigador alemán Hermann Kruse, el documento fue escrito por Mestre de Campo João da Silva Guimarães, quien en 1720, siendo capitán mayor en la provincia de Ouro Preto, se unió a la causa independentista de Filipe dos Santos. Tras el fracaso del movimiento, Guimarães huyó hacia Bahía, consiguiendo el perdón real gracias a la influencia de su familia. La hacienda donde se alojaba se encontraba en la margen derecha del río Paraguaçu, a poco más de treinta kilómetros de la Serra do Sincorá, siendo una parada común para los viajeros y exploradores de la época. Así fue que João da Silva decidió recorrer los interiores de Minas Gerais y Bahía en busca de riquezas.

Tras explorar los sertones desconocidos de Bahía entre 1752-53, Guimarães anunció el descubrimiento de las muy codiciadas minas de plata de Robério Dias, justamente en la región de los ríos Paraguaçu y Uná. Sin embargo, las pruebas de las menas presentadas por Guimarães y examinadas por la Casa de la Moneda dos años después resultaron no tener ningún valor. Decepcionado, Guimarães se fue a vivir con los indios, desapareciendo después de 1764, y se especula con que falleció alrededor del año 1766.

De este modo, existe coincidencia de fecha y localización con las señaladas en el Manuscrito 512; sin embargo, resulta dudoso que Guimarães fuera su verdadero autor, ya que existen varios documentos relativos a ese bandeirante y a sus hallazgos y en ninguno se hace mención a la ciudad perdida. Tampoco coincide la duración de las dos expediciones: la de Guimarães duró menos de dos años (1752-53) y la mencionada en el Manuscrito duró diez años (1743-53).

Otro explorador que podría haber sido el autor del Manuscrito es Antonio Lourenço da Costa, que en 1757 llegó al distrito diamantino de Tijuco, en Minas Gerais, afirmando haber pasado diez años junto a una bandeira que había realizado sorprendentes descubrimientos en la Sierra Dorada, ubicada en la entonces conocida como capitanía de Goias.

Hipótesis

Según figura en los capítulos 19 y 20 del libro V de la Biblioteca Histórica escrita por el griego Diodoro Sículo (90-21 a. C.), los navegantes fenicios habrían llegado a un gran continente al oeste de África siguiendo las corrientes marítimas. Dicho continente, ubicado al otro lado del mar, habría poseído bellas playas, ríos navegables, muchas montañas y una densa forestación. Según continúa el relato, los fenicios permanecieron allí un buen tiempo hasta que finalmente volvieron al Mediterráneo para informar de su descubrimiento, tras lo cual se habría definido la construcción de una colonia allí.

Posteriormente, los romanos comenzaron a destronar a los fenicios hasta la definitiva conquista de la ciudad de Cartago (146 a.C.), su último gran bastión. Tras la caída de los fenicios, Roma se alzó con el dominio del mar Mediterráneo, la costa del norte de África y la península ibérica. En el caso de haber existido la presunta colonia fenicia del Brasil, los romanos podrían haber llegado a ella alrededor del año 120 a.C. y haberla dominado hasta los comienzos de su decadencia en el 300 d.C., cuando las fronteras del imperio comenzaron a ser atacadas. La necesidad de defender la propia capital Romana obligó al repliegue de todas las legiones, provocando el abandono de las colonias más periféricas del Imperio, como ocurrió con Inglaterra, que inició a partir de allí un proceso de aculturación, perdiéndose con el paso de los años cualquier indicio de la dominación romana.

Conclusión

El texto del Manuscrito 512 brinda numerosos detalles sobre aquella gran ciudad abandonada en el interior brasileño, lo cual permitiría atar cabos sobre su posible origen. La primera referencia que se da es la existencia de un arco del triunfo, con una dedicatoria en la parte superior que resulta ilegible para los bandeirantes.

Los Arcos del Triunfo fueron una característica típica de las ciudades romanas, y también lo eran las columnas rematadas con estatuas en la parte superior, como la descrita en el relato portugués. Poco después se menciona que pasando la plaza principal había unas agujas, aclarando el propio autor que las mismas se asemejaban a las «usadas por los romanos». Luego aparece un gran edificio cuyo pórtico principal posee la figura de un hombre tallada, con una corona de laurel en su cabeza y una banda atravesada hasta la cintura, lo que conforma otro símbolo inequívoco de la cultura grecorromana. En cuanto a las inscripciones que fueron halladas y copiadas, se estima que corresponden a un tipo de escritura greco-ptolemaica, utilizada entre los años 100 a.C. y 300 d.C. Otro dato importante lo aporta la moneda hallada por los bandeirantes, cuya descripción coincide con una moneda que era utilizada por los fenicios bajo el dominio romano, entre los años 260 y 300 d.C. Por lo tanto, todas las pistas que brinda el manuscrito se corresponden con una colonia romana que podría haber existido en el Brasil entre los años 120 a.C. y 450 d.C.

El relato sea verdad o no demuestra todo lo que le falta por explorar del Amazonas, en lo personal pienso que la historia puede ser real, con los años se van descubriendo que colon no fue descubridor de américa, y otros descubrimientos que cambian lo creíamos del pasado aun el mundo sigue teniendo lugares esperando para ser descubiertos…

FUENTES

  • http://es.wikipedia.org/wiki/Manuscrito_512
  • http://commons.wikimedia.org/wiki/Category:Manuscrito_512?uselang=es

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